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Correte

Si me das a elegir prefiero una bala que me rompa todos los órganos del cuerpo y me deje tendida en la escena del crimen. Morir desangrada de dolor porque los giles del Same llegaron tarde como siempre. Entregarme a los brazos del grito agónico de la muerte y no entregarme a la rigidez de una cama de hospital ni ser testigo del llanto de mi vieja. Ni da Pelear para seguir en un mundo donde estoy mas muerta que viva. Padezco más la herida de un cortaplumas. Ese que te abre la piel. Pero apenas. Una superficialidad que te hace un surquito de sangre pero duele como la puta madre. Sangra de a ratitos y te arde como si te hubieses calcinado en un incendio. Porque puede cicatrizar hoy, mañana o pasado y si sos medio torpe se te abre un poquito más todos los días.  Las palabras que no se dicen son como el cortaplumas de la boca que las encierra. Te duele la sensación de lo que se dijo pero en realidad el silencio te empapó los oídos. Te arde y te revuelve el estomágo pero en realidad s...

Breve descripción de mi persona

Con la misma boca que te doy los besos mas ricos del mundo, puedo pronunciar las palabras mas groseras para que te vayas de mi. Y lo peor es que en el momento me jacto de ser la campeona de mi vida y después me quiero comer los nudillos. Por eso soy impulsiva. Pero estoy lejos de sentirme una capa por eso. Doy rienda suelta a mis mambos para después ir corriendo a pedir perdón como un cachorro asustado porque si algo no tengo es orgullo. Pongo play y rebobino mi vida cuantas veces quiera sin avengorzarme. Pedir perdón no me asusta, al contrario soy una fanatica empedernida de disculparme incluso cuando se que eso es tarea ajena.  Soy apegada. Demasiado. No se si mi mamá fallo en mi crianza o fallé yo misma. Le tengo fobia a dos cosas: a la muerte en todas sus variantes y a perder vínculos. Me rompo la cabeza contra la pared 2400 veces antes que aceptar que alguien se fue de mi vida y a veces para no volver más. Parecería que la soledad me da miedo cuando en realidad es mi terapi...

Obsolescencia programada

Se ve que tenés un talento natural para llenarte la boca de miedos que no afrontás, de deseos que nunca cumplís, de palabras que nunca decís. Y lo peor es que a veces se me da por creerte. Casi. Pero después me doy cuenta que nunca podría creerte porque no te la crees ni vos mismo. Enterraste tan profunda la mentira que te metiste en el disfraz y ahora te cuesta salir. Te divierte escupir palabras de más que no dicen nada. Sólo se dibuja la palabra “cagón” en el aire. Te esmeras en disimular la fobia a que te quieran de verdad, aunque lo único que gritas en silencio es que te quieran bien y que te desnuden el caparazón. Pero no te voy a ayudar a que te encuentres y escupas ese miedo de mierda que tenés. Me querés hacer complice de tu cobardía cuando lo que menos soy es cobarde. Y por favor no me pidas que te entienda, ni que comprenda tus fantasmas del pasado que tanto mal te hicieron. Porque eso no es excusa. Las únicas excusas que existen son las que tramás con tanto ingenio solo pa...

Génesis

Y me costó entender que el que rompe una vez, rompe dos veces. Que el que disfruta de endulzarte el alma con retrucos mentales, se vuelve un fanático de su propia medicina. Que el que te desarma, te vuelve a armar pero a veces solo para verte roto de vuelta. Que el que se aleja, siempre vuelve. Pero volver con otro disfraz ya no es volver. Es querer que vos lo veas volver aunque ya esté muy lejos.  Y me costó entender que esperar que el otro cambie, es una forma cobarde de no ser. De convertirse en la marioneta del Diablo. De dar rienda suelta de tu universo personal, al mundo de lo hostil.  Y me costó entender que en realidad el afuera nunca cambia.  Cambia uno siempre. 

Cada dolor tiene un nombre y yo quiero conocer el tuyo

Qué fácil se me hace escribir de vos. Porque te pienso y ya se que te quiero plasmar en algunas palabras. Renglones. Párrafos. Pero últimamente me pasa que releo lo que escribo y no te siento presente en mis modestas líneas. Siempre se me hizo difícil eso de ponerle “forma” o “molde” a lo que pienso, a lo que siento por dentro, a lo que está alojado en algún lugar que yo ni se que existe. Es ponerse a remar en el mar de mi cerebro con un palito que se parte al toque. Y con vos me cuesta un huevo. Porque en realidad siempre fuimos poco. Siempre fuimos algo a medias. Digo algo que nunca terminó porque en realidad también podría pensar que nunca empezó. Ah, y decir que siempre fuimos “nada” es demasiado crudo. Porque en realidad siempre hay algo, un intercambio de muchos “nadas”, de un puto like de instagram (tan millenial que duele) , de una complicidad que nunca trasciende. Nunca se hace historia. Queda alojada en algún momento del pasado esperando siempre el momento del “y ahora va a ...

Y acá estás

De algo estaba segura. Podía dudar, o incluso cambiar algunos aspectos de mi personalidad o pelear con ellos, pero sabía que mi intuición o la percepción que tenía era irrenunciable. Nunca supe si lo podía definir como una virtud. O como un rasgo de la personalidad. O atribuirlo al hecho de ser pisciana. Siempre estaba ahi. Tenía como un sexto sentido que me tocaba todos los rincones de mi cuerpo cuando algo iba a ocurrir. Se hacia sentir como si ya fuera propio. Como si ya hubiera pasado de forma silenciosa pero en realidad estaba por. Aunque después me saliera todo para el orto. Siempre antes de que las cosas empiecen sabía que iban a empezar. Con vos mi intuición se agudizaba bocha. En realidad ahora que lo pienso mientras lo escribo, quizás siempre fue un poco obra de mi mente. Siempre quiero que me pases. Entonces por eso ya te sentía mío aunque estuvieras lejos de serlo.  Sentía que era una obviedad, que teníamos que ser. Hoy. Mañana. No importa cuando. Me parecía una joda q...

Todo va a caer

Mi nombre es Florencia Romano. Nací el 7 de marzo de 1996 en Buenos Aires. Provengo de una familia tradicional, conservadora y bastante católica. Desde que aprendí a hablar asistí a un colegio religioso. A un Colegio de Monjas. Más precisamente. Hasta mis 15 años me mantuve fiel a ese modelo. La Florencia que había ido a misa todos los domingos, que estaba siempre de punta en blanco. Que usaba ropa de señorita delicada. Y hasta me molestaba cuando las demás no eran así, o no se vestían de la misma forma.  Mi primer quiebre lo tuve después de haberme confirmado. Fue casi como una revelación. Sentía que algo no estaba bien. No sabia si era yo. O si eran los demás. Todavía sigo descubriendo todos los días de mi vida si creo en Dios. En qué Dios. O en cuantos. No así en la Iglesia (por mí que arda en llamas). Casi por arte de magia ese quiebre facilitó los otros. Supongo que lo que más me hacia ruido era que una parte mía quería cambiar y la otra no. Porque yo me identificaba con mi...